El
culto a la Virgen de Guadalupe resume la mexicanidad
en toda su abigarrada diversidad. Estas imágenes
tomadas en distintas partes de la Ciudad de México
y sus alrededores en un 12 de diciembre -fecha que
conmemora su aparición en el Cerro del Tepeyac-
rinden testimonio de una celebración en la
que se manifiestan todas las idiosincrasias y esperanzas
de un pueblo.
En
esta colección de fotografías se corrobora
la vigencia de una fé que sobrevive con firmeza
a una época marcada por el signo del cambio.
"Este
libro nos habla de la Guadalupana urbana del siglo
veinte, en nuestra sociedad actual, eficiente y
triunfante en nuestros días dispensadora
y recipendaria de un culto moderno, constelada de
signos de la civilización industrial.
Otras advocaciones sagradas se conservan distantes,
altas y puras en su perfil teológico casi
abstracto. La Guadalupe siempre ha estado contaminada
por la vida de su pueblo. Se la vió mu pronto,
recibiendo copal, alimentos, ofrendas y danzas no
muy diversas de las que aceptaban sus antecesoras
nahuas. Los frailes antidolátricos, cristocéntricos,
inmediatamente clamaron contra esta función
de ídolo. Ella se impuso: primero la iglesia
católica local, luego la vaticana, aceptaron
el derecho del pueblo a celebrarla a su manera,
y mucho de nahua y de azteca siguipo habiendo entre
los indios a lo largo de los siglos cristianos".
José
Joaquín Blanco
(Fragmento de la Introducción)
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