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La entereza
de ALVARO lo hizo padrazo. Sus cinco hijos acabaron adaptándose a Castilla,
adonde llegaron en 1990. Para un artesano como él, que hace mochilas y bolsos
a mano, el Rastro madrileño y la feria de Majadahonda son más mercado que
la Argentina entera. Sus intentos por volver fracasaron. Cuando paseaban
por Quilmes, donde habían tenido su casa, asaltaron a sus hijos para robarle
sus zapatillas. Sintió que el país y él habían cambiado demasiado en direcciones
opuestas.
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