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ERIC es
feliz. Hace sus grabados y sus serigrafías en su taller de Madrid, y le
enseña a su hijo Manu los secretos del buen vivir y la saga de su linaje
noruego. Gastrónomo, vinero y gran anfitrión, siempre tiene la casa llena
de amigos. Cuando viene de visita a la Argentina, todo el mundo lo espera
con los brazos abiertos.
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