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Desde sus años en Israel,
LEONOR conserva el recuerdo del Mediterráneo en Natanya
y la libertad con la que, más allá de la guerra, sus chicos se movían. Dos
de sus hijas nacieron en Tel Aviv, pero ya no hablan el hebreo. Luego pasó
cuatro años en Misiones, donde trabajó con chicos autistas y con síndrome
de Down. En el hospital se ocupaba de la violencia familiar. Todo iba bien
hasta que los programas financiados con presupuestos de la Nación se cortaron
por falta de fondos. Con sus hijos crecidos, vino de vuelta a Buenos Aires
para que estudien y recuperen su lugar.
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