MARTÍN fue el mejor amigo que tuve en mi vida. Siempre lo quise, desde que preparamos juntos el ingreso al Nacional de Buenos Aires. Ahí, en la casa de Alessio, que no paraba de fumar, nos conocimos. De carambola caímos en la misma división. Sigo soñando con él muchas noches, y ya hace veinte años que se lo llevaron.
 

   
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