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Las fronteras |
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Más que nada, quiero escribir en torno a una cultura en desarrollo
y que trasciende los límites de las patrullas fronterizas y las
zonas de libre comercio (y que, en parte, ha surgido gracias a
ellas). Una cultura que deposita la música y la leyenda del gran
rapero asesinado, Tupac Shakur, en la meseta purépecha de Michoacán,
y las festividades indígenas de Michoacán en las principales avenidas
de los pequeños pueblos del medio oeste; una cultura que arroja
a los católicos en medio de tribus espirituales que hablan en
lenguas y que provoca que sajones bugas deseen con vehemencia
a los travestis mexicanos; una cultura que destruye la anquilosada
estructura blancos-negros del movimiento de derechos civiles estadounidense
y presagia el fin del dominio absoluto del PRI en la política
mexicana; una cultura que globaliza lo mejor y lo peor de todos
nuestros anhelos y maneras de ver el mundo.
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Escribo de las fronteras, de la vida y de la muerte en las tierras
fronterizas. Y esta cultura de la frontera, o, si lo prefieres,
de la posfrontera, es mucho más que un fenómeno regional. Más
que de una zona geográfica, escribo de un espacio cultural creado
por fuerzas que no son exclusivas de la misma, sino parte de una
evolución a una escala mayor: global, por cierto.
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Quizá lo que estamos presenciando es, en el contexto de la historia
de las Américas, tan sólo el continuo proceso de mestizaje, descrito
originalmente como la fusión de las sangres y las culturas europea
e india que dio origen a los pueblos mestizos, que conforman la
mayoría de la población latinoamericana. El mestizaje, al contrario
de la asimilación que subyace al término inglés "melting pot"
(crisol de razas), ha permitido que la influencia india no se
haya convertido solamente en una referencia histórica, sino en
un legado perdurable y en continua evolución. Del mismo modo,
permite la continua adopción de nuevas influencias sin poner en
peligro las raíces históricas. El mestizaje es un viaje sin final;
es la versión cultural del movimiento perpetuo, no en el aspecto
teórico, sino en la práctica. |
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Los mexicanos nunca olvidan; los gringos nunca recuerdan", reza
un proverbio que captura un poco de una verdad cultural en la
manera como se perciben las cosas desde ambos lados de la frontera.
El mestizaje crea un espacio intermedio donde el futuro no aniquila
necesariamente al pasado, sino en el cual los dos se alternan
en el presente. Salgo de mi departamento en la Ciudad de México
y escucho a los ubicuos músicos callejeros tocando canciones de
la época de la Revolución; a la vuelta de la esquina hay una tienda
de videos donde niños de rasgos indígenas apalean a los tipos
malos en trajes de ninjas. En la meseta purépecha una antena parabólica
dirigida al cielo capta las imágenes de los X Files, pero las celebraciones indígenas se realizan aún casi como se
hacía antes de que llegaran los conquistadores. |
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En la medida en que el norte y el sur se reúnen en una extensa
frontera, las tradiciones se enfrentan y se combinan. El norte
brinda su optimismo, algo que el sur necesita desesperadamente;
a cambio, el sur aporta una nueva manera de ver el desarrollo
de las culturas. Creo que el mestizaje está más cerca de la experiencia
de los Estados Unidos que el "crisol de razas" o que la idea,
más contemporánea y políticamente correcta (y un tanto nacionalista),
de las culturas en esa nación como un "chunky stew" (es decir,
una burda mezcolanza).
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Los estadounidenses (de todas las razas y grupos étnicos), aunque
a menudo traten de negarlo, también se están volviendo mestizos.
Asómate a los cuartos de los adolescentes (negros, blancos, amarillos
o morenos; obreros, de clase media o alta) y fíjate en lo que
oyen en sus estéreos. Escucharás, por ejemplo, las tonadas de
una banda llamada Sublime, cuyo cantante Bradley Nowell, ya fallecido,
cantaba canciones salpicadas de español y de ritmos reggae (Nowell
era un surfeador rubio de Long Beach, California). O podrás oír
al "artista que antes se llamaba Prince" tocando una sesión de
salsa tan caliente como una del Lower East Side el lunes por la
noche. O a Beck, iconoclasta genio del pop cuyo primer álbum se
titula Odelay porque, nos cuenta, es así como los chavos blancos -como él-
pronuncian la coloquial interjección mexicana "¡órale!" Beck,
nos cuenta, tiene un padrastro que nació en Chihuahua. |
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