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Indios y vaqueros
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La Patrulla Fronteriza (la Migra) lanzó una campaña hace dos años
para tratar de refrenar a los futuros ilegales provenientes de
México: "Quédate afuera, quédate vivo" ("Stay Out, Stay Alive").
Eso y colgar los cadáveres de la cerca en la frontera era casi
lo mismo. Pero lo que ha aprendido la mayoría de la gente que
he conocido en las rutas migratorias es lo contrario: quedarse
inmóvil, en estos días, es morir; moverse es vivir.
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Los "ilegales", es cierto, han violado las fronteras nacionales,
pero el haberlo hecho es precisamente lo que ha asegurado su supervivencia,
tanto en el plano económico como en el cultural.
En los medios estadounidenses México se percibe grande, pero no
se trata de una imagen agradable. En la mayoría de ellos pareciera
que, hoy por hoy, los Estados Unidos detestan a México. Pero es
tanto que eso sólo puede revelar que en realidad gran parte de
esa abominación es deseo. Es cierto, los Estados Unidos deben
admitirlo: tanta repulsión sólo puede significar un deseo voraz.
Veamos, los Estados Unidos quieren a México, pero a su manera.
Quieren los beneficios del Tratado de Libre Comercio, además de
las habituales ventajas turísticas, como muchachas lozanas, cerveza
oscura y playas tropicales de finísima arena blanca. Pero también
temen que los extraños los transformen en el proceso -con lo que
dejarían de ser "americanos", ¿no es así? (Los gringos se lamentan
del auge del nacionalismo en todo el mundo, pero nunca se dan
cuenta de que ellos sufren de una buena dosis del mismo.) |
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Pero el indio mexicano también está ya en el corazón de Norteamérica.
Y los Estados Unidos, mediante el pop, están irremediablemente
incrustados en la imaginación de la nación india más al sur. No
existe una discusión seria en torno a la retirada estadounidense
del Tratado de Libre Comercio, principalmente porque nadie en
ese país puede señalar con exactitud las consecuencias negativas
que han resultado del mismo. (Por la parte mexicana, la discusión
es mucho más intensa: la migración masiva está más relacionada
con las áreas rurales, donde los campesinos que apenas sobrevivían
se vieron aún más afectados gracias precisamente a las reformas
económicas que México puso en marcha con el fin de hacer el Tratado
más apetitoso para los vecinos del norte.) |
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Apesar de la crisis económica mexicana en el sur no cesa el optimismo
migratorio: si algo bueno ha dejado la crisis en los mexicanos
es su férreo apego a la esperanza, ya que es todo lo que tienen...
Aún más, la lógica obliga a los mexicanos a seguir yéndose al
norte porque en realidad hay amplios mercados de trabajo en toda
suerte de industrias, desde la agricultura y la industria ligera
hasta el inmenso sector de servicios (restaurantes, hoteles, etc.).
No se dirá que los mexicanos no son optimistas incluso en sus
horas más negras. |
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Algo notable les ha sucedido a los "americanos" y a los mexicanos,
a los vaqueros y a los indios. Alguna vez los vaqueros fueron
los optimistas y los indios los pesimistas. ¿Pero quiénes se están
moviendo ahora? ¿Quiénes actúan a la defensiva, quiénes sueñan
con ascender social y económicamente, quiénes albergan fantasías
paranoides, quiénes aprueban la Proposición 187, quiénes aprueban
la ley de doble nacionalidad?
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Date una vuelta por Broadway, en el viejo centro de Los Ángeles,
y dime lo que ves. Vaqueros, quiero decir, indios vestidos de
vaqueros: sombreros Stetsons, pantalones de mezclilla, botas de
piel de víbora. (En tanto, curiosamente, para el "hombre blanco"
ha sido común durante los últimos años buscar el Gran Espíritu
en los temazcales de los "pieles rojas".) ¿Se trasvisten los indios
como vaqueros? Los indios montan el caballo del vaquero: en las
estaciones de los Greyhound de todo el país los mexicanos esperan
autobuses cuyos letreros dicen St. Louis, Chicago, Raleigh, Houston.
Si ellos se han convertido en nosotros, ¿quiénes somos nosotros? |
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Nuestras espaldas están mojadas...
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