Manuel Rocha Iturbide

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Desde la antigüedad algunos compositores se han servido de conceptos e ideas pertenecientes a otras disciplinas para realizar sus obras. Estas ideas se han traducido a veces directamente en música, pero en otras ocasiones sólo han servido como fuente de inspiración, teniendo así una relación indirecta con el resultado musical.
El elemento central de mi obra sonora es el lenguaje, herramienta de comunicación que caracteriza a una determinada cultura. El lenguaje está constituido a base de sonidos y de significados, a base de sintaxis (ritmo) y de palabras (signos). Las raíces de cualquier cultura están basadas en su lengua original, pero existen casos en los que una segunda lengua, la lengua del conquistador, fue impuesta. En Irlanda se impuso el inglés y en México el castellano. Estas lenguas extranjeras vinieron a formar parte de las culturas "originales", pero se adaptaron y fueron habladas con una nueva pronunciación y entonación, introduciéndose también palabras nuevas. Debido a esto, incluso los sonidos del lenguaje extranjero se convirtieron en un reflejo de la cultura original.
Los otros elementos sonoros que utilizo en mi composición son paisajes sonoros de la vida cotidiana (sonidos rurales y urbanos y fragmentos de la música popular irlandesa). Creo que este tipo de sonidos refleja también la esencia de una cultura.
A través de este trabajo trato de mirar hacia el futuro, contemplando mis raíces y las raíces de otras culturas. Ya que
Cercanías distantes nos habla de cultura e identidad, decidí hacer un comentario sobre las posibles analogías entre Irlanda y México. Hace dos años viajé a Irlanda en busca de inspiración para este trabajo y encontré piedras monolíticas semejantes a las de la antigua Mesoamérica. Hacer un comentario de la historia celta y de su mitología es también hacer un comentario acerca de los mitos y la historia de México, ya que en ambos casos estos elementos emergen de los arquetipos de un arcaico inconsciente colectivo.
Hago mi comentario a través de la tecnología y de la modernidad, dos elementos que tienen su origen en las culturas industrializadas de nuestros vecinos, Estados Unidos e Inglaterra. Al utilizar la computadora como herramienta musical me relaciono fuertemente con estas dos culturas, aprovechando las ventajas que aquella me ofrece, e intento despojar el velo de nuestras culturas milenarias para poder tal vez descubrir mis propias raíces durmiendo bajo alguna colina irlandesa. Estas raíces, comunes a muchas culturas no desarrolladas, están siendo cubiertas por el polvo de nuestros vecinos del primer mundo.
Mi visita a las islas Aran en 1993 me dejó una impresión muy profunda, ya que encontré gente que ni siquiera hablaba inglés. Encontré hombres muy altos con grandes manos y caras enrojecidas que me recordaron a los personajes de los libros de Tolkien. Esta isla estaba tan cerca de Londres y de París, pero al mismo tiempo estaba tan lejos. Pienso que lugares como ése desaparecerán pronto, y por eso creo que tendríamos que mantener vivos nuestros mitos e historias. Hemos aprovechado las ventajas de la modernidad, pero no debemos dejar que los poderosos países que nos las han ofrecido invadan nuestro espacio psicológico a través de su bombardeo mediático.
Mi composición
Móin Mór está estructurada a través de la deconstrucción de un poema irlandés anónimo del siglo VIII y de otros poemas gaélicos contemporáneos escritos por Derry O'Sullivan. La obra está hecha también a base de grabaciones de campo realizadas durante mi viaje a Irlanda en 1993 e incluye algunos sonidos transformados que fueron grabados originalmente por el periodista italiano Antonio Grimaldi en los trágicos sucesos del Bloody Sunday (1972) en Derry, en el que trece ciudadanos pacifistas fueron muertos por el ejército inglés.
Al mezclar sonidos naturales, la palabra hablada y los sonidos grabados de la vida cotidiana he creado un trabajo que recrea las realidades conflictivas de la vida contemporánea irlandesa. La pieza comienza con la voz deconstruida de la voz recitando los poemas en gaélico, usando solamente los sonidos consonantes del lenguaje que suenan como elementos de la naturaleza (como el viento) y que representan el espíritu de la antigua cultura irlandesa. La voz regresa luego con forma cambiada, con una resonancia pedregosa y recitando el poema irlandés del siglo VIII:

dar ind adaig I Móin Mór
feraid dertain ní deróil
dorddán frishtip in gahigon

géssid ós chaille clithar

[fría es la noche en Móin Mór
la lluvia se desborda en torrentes
un profundo rugido contra el viento que ríe alto

sonidos de bosque protector]

La obra va adquiriendo
momentum, pudiéndose percibir sonidos transformados de la vida cotidiana y un violín irlandés granulado. La deconstrucción de la voz está hecha ahora de células más grandes y el lenguaje se vuelve más articulado, sonando como un hombre desesperado que intenta dar significado a algo incomprensible. De pronto, entra una nueva voz, un niño que ríe hablando en inglés: "eres un tonto, bastante tonto, bastante tontito". El niño representa a una nueva generación de gente joven, muchos de los cuales no hablan ni valoran la lengua irlandesa y son indiferentes a su pasado.
La obra termina con las palabras del poeta mezcladas y deconstruidas (ahora enfatizando las vocales), mezcladas luego con el sonido del océano. Al final, un isleño de Aran, un viejo poeta que conocí y que apenas hablaba el inglés, recita su propio poema, casi cantando. Para mí esto representa una esperanza de que la lengua irlandesa no se perderá en nuestra modernidad.

París, febrero, 1995.


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