|
|
presione para obtener una copia en formato hqx para word 4.0. Recuerde numerar las páginas en su programa antes de imprimir |
|
"Los estadunidenses nunca recuerdan; los mexicanos nunca olvidan." --Dicho popular mexicano
La capital de la crisis norteamericana Entre 1978 y 1991 viví y trabajé en las ciudades de Tijuana, San Diego y Los Angeles, desplazándome continuamente de una a otra. Yo era un viajero binacional cotidiano, como otros cientos de miles de mexicanos que viven en la frontera. Cruzaba ese peligroso límite con regularidad: en avión, en coche y a pie. La frontera se convirtió en mi hogar, mi base de operaciones y mi laboratorio de experimentación social y artística. Mi arte, mis sueños, mi familia, mis amigos y mi psique estaban literal y conceptualmente divididos por ella. Pero la frontera no era una línea recta. Más bien se parecía a una cinta de Moebius. Sin importar dónde estuviera, siempre me encontraba "del otro lado", fracturado e incompleto, añorando sin cesar mis otros rostros, mi otra casa y tribú. Gracias a mis colegas chicanos y cómplices fronterizos aprendí a percibir a California como una extensión de México, y a la ciudad de Los Angeles como el barrio más septentrional de la Ciudad de México. A pesar de que muchos californianos se empeñan en negar el pasado mexicano de su estado, y de su relación agridulce con los mexicanos contemporáneos, "aquí" nunca me sentí realmente como un inmigrante. Mestizo de bigote grueso y acento que lo era aún más, sabía no ser exactamente bienvenido; pero sabía también que millones de latinos, "legales" e "ilegales", mexicanos o no, compartían esa experiencia fronteriza conmigo. En 1991 me mudé a Nueva York y mi cordón umbilical al fin reventó. Por primera vez en mi vida me sentí como un verdadero inmigrante. Desde mi departamento de Brooklyn, México y Chicanolandia parecían estar a millones de años luz (la república de Mexa York era un proyecto que aún no tomaba forma). Decidí regresar a Southern Califas en 1993. A partir de los disturbios, Los Angeles se había convertido en el epicentro de la crisis social, racial y cultural de Estados Unidos. Era, con renuencia, la capital del creciente "Tercer Mundo" dentro de un "Primer Mundo" cada vez más pequeño. Yo quería ser testigo y cronista de esta maravillosa locura. Encontré una ciudad en guerra consigo misma; una ciudad duramente castigada por las fuerzas naturales y sociales; una ciudad cuya experiencia era una versión concentrada de las distintas crisis que enfrentaba el país entero. Sus estructuras políticas son disfuncionales y su economía está por los suelos, los recortes al presupuesto de defensa han generado mayor desempleo y las tensiones raciales ocupan el centro de los boletines diarios de prensa. Los níveles de crímen y pobreza son comparables a los de cualquier ciudad del Tercer Mundo. Y todo esto coincide con una crisis de identidad nacional sin precedentes: a Estados Unidos, tras la guerra fría, le está costando mucho trabajo abandonar su nostalgia imperial, y tiene grandes dificultades para abrazar su alma multi-racial y aceptar su estatus de primer país "desarrollado" que se integra al Tercer Mundo. Quizá lo que más me asustó fue darme cuenta de quién estaba siendo culpado de todo el revuelo. La comunidad inmigrante mexicano/latina fue el chivo expiatorio, señalada por un amplio grupo políticos demócratas y republicanos, grupos fanáticos ciudadanos como SOS ("Save Our State", salvemos a nuestro estado), y sectores de los grandes medios como la causa principal de todos nuestros males sociales. La Proposición 187 propuesta racista de ley que niega servicios médicos no urgentes y servicios de educación a los "migrantes ilegales", y que actualmente está siendo impugnada en las cortes fue aprobada con el 60% de los votos el 8 de noviembre de 1994; de esta manera, cada doctor, enfermera, boticario, polícia, maestro de escuela y "ciudadano consternado" se convirtió en un virtual patrullero fronterizo. Además, la misma gente que apoyó la 187 se opuso a los derechos de las mujeres y los homosexuales, a la affirmative action a , la educación bilingüe, la libertad de expresión y la existencia del National Endowment for the Arts (Fondo Nacional para las Artes) y la Corporation for Public Broadcasting (Corporación de Radio y Televisión Públicas). ¿Por qué? ¿Qué significa todo esto? ¿Qué estamos perdiendo?
Godzilla con sombrero de mariachi A pesar de que Estados Unidos ha sido una nación de inmigrantes y viajeros fronterizos desde su violenta fundación, el espiritú nativista no deja de manifestarse de tiempo en tiempo. Históricamente, la identidad estadunidense ha dependido del enfrentamiento con "otro", sea éste cultural, racial o ideológico. Los estadunidenses necesitan de enemigos para definir sus límites personales y nacionales al oponerse a ellos. Desde los indígenas originales de este continente hasta los antiguos soviéticos, un "otro" maligno siempre ha estado al acecho y listo para atacar. Hoy en día se está culpando a los "migrantes ilegales" de todo aquello que los ciudadanos estadunidenses y sus políticos incompetentes no han podido (o querido) resolver. Los inmigrantes indocumentados son despojados de su humanidad e individualidad, para convertirse en pantallas en blanco donde los estadunidenses proyectan su temor, ansiedad y rabia. En California y otros estados del suroeste, esta otredad amenazante se presenta como una inmensa masa que incluye a mexicanos, latinos (sin distinguir a los latinos nacidos en E.U.), gente con aspecto mexicano (imposible precisar qué se quiere decir con ésto), la cultura mexicana y chicana y el idioma español. La horrible amenaza está aquí, en "nuestro" país, de este lado de "nuestras" fronteras, poniendo en peligro no sólo "nuestros" empleos y barrios sino también "nuestros" ideales de justicia y orden. El espíritu anti-inmigrante se ha convertido en la fuerza galvanizadora que está detrás del resurgimiento de un falso sentimiento patriótico. Los "verdaderos" estadunidenses (en oposición a los invasores de tez oscura) se perciben a sí mismos como las víctimas de la inmigración. "Si no fuera por ellos, todo estaría bien." De todos los argumentos que se esgrimen en contra de la inmigración, tal vez el más socorrido consiste en que Estados Unidos ya no es tan capaz de absorber a los inmigrantes como lo hizo en el pasado; la Estatua de la Libertad está agotada, y necesita un descanso. Lo que no se dice abiertamente es que necesita descansar sobre todo de los inmigrantes de color, los más "diferentes", aquellos menos capaces o dispuestos a adaptarse. Tristemente, algunos sectores de las comunidades latina y afro-americana también suscriben estas creencias nativistas absurdas, y olvidan que ellos son considerados parte del problema. A los ojos del xenófobo, cualquier persona con rasgos visiblemente diferentes &emdash;color de piel, ropa, conducta social o sexual&emdash; es un ser extraño y forasteroc .
El desdibujamiento de la frontera En el corazón de la xenofobia siempre se encuentra el miedo. Éste resulta especialmente inquietante cuando está dirigido a las víctimas más vulnerables: los trabajadores migrantes. Se convierten en los "invasores" del sur, la encarnación humana de la "mosca mexicana", los "mojados" infrahumanos, el "extraterreste" proveniente de un planeta (culturalmente) distinto. Se les acusa de apoderarse de "nuestros empleos", de reducir "nuestro presupuesto", de aprovecharse del sistema de welfare d, de no pagar impuestos y de traer enfermedades, drogas, violencia callejera, ideas extranjeras, ritos paganos, costumbre primitivas y sonidos extraños. Sus rasgos indígenas y vestimenta burda evocan la imagen de un pasado americano pre-europeo y de las tierras míticas, localizadas al sur, que se encuentran sumergidas en la pobreza y el revuelo político &emdash;sitios donde los inocentes gringos podrían ser atacados sin motivo aparente. Sin embargo, estos invasores ya no habitan el pasado remoto, alguna república bananera o una película de Hollywood; ahora viven aquí a la vuelta, y sus hijos asisten a las mismas escuelas que los niños anglos. No hay nada más aterrador que el desdibujamiento de la frontera entre ellos y nosotros, entre el sur dantesco y el norte próspero, entre paganos y cristianos. Muchos estadunidenses consideran que la frontera no ha logrado detener la introducción furtiva del caos y la crisis (curiosamente, el origen del caos y de la crisis siempre está en otra parte,afuera). Su peor pesadilla por fin se ha hecho realidad: Estados Unidos ya no es una extensión ficticia de Europa, ya no es el suburbio íntegro y saludable que imaginó el guionista de Lassie. Por el contrario, el país se está convirtiendo rápidamente en una inmensa zona fronteriza, una sociedad híbrida, una raza mestiza y, lo peor de todo, este proceso parece ser irreversible. "América" se encoge día a día, al tiempo que el aroma penetrante de las enchiladas se eleva en el aire y sube el volumen de la quebradita. Tanto el activismo contra la inmigración como los medios de comunicación conservadores han empleado metáforas sumamente cargadas para describir este proceso de "mexicanización". Éste es descrito como una pesadilla cristiana ("el infierno a nuestras puertas"), un desastre de la naturaleza ("la ola café"), una enfermedad mortal o un virus incurable, una forma de violación demográfica, una invasión cultural o bien el aterrador principio de un proceso de secesión o "quebequización" de todo el suroeste. De forma paradójica, el país supuestamente responsable de todas estas ansiedades es ahora un íntimo socio comercial de Estados Unidos. Pero el TLC o NAFTA sólo regula el intercambio de productos destinados al consumidor; los seres humanos no figuran en el acuerdo. Nuestra nueva comunidad económica defiende el libre mercado y las fronteras cerradas. Con la entrada en vigor del TLC, la cortina de tortilla está siendo reemplazada por una muralla metálica que se parece a aquella que "cayó" en Berlin.
Las contradicciones de la utopía Muchos estadunidenese olvidan con facilidad que, gracias a los mexicanos "ilegales" contratados por otros estadunidenses, las industrias alimenticia, del vestido y turística de California y del resto del suroeste sobreviven. Olvidan que las fresas, manzanas, uvas, tomates, lechugas y aguacates que comen fueron cosechados, preparados y servidos por manos mexicanas. Y que esas mismas manos "ilegales" limpian los cines y los restaurantes a su salida, arreglan sus coches descompuestos, pintan y trapean sus casas y cuidan sus jardínes. Olvidan también que sus bebés y ancianos están bajo el cuidado de nanas mexicanas. La lista de las aportaciones sub-pagadas de los "inmigrantes ilegales" es tan larga que, sin éstas, el estilo de vida de muchos estadunidenses sería imposible de mantener. A pesar de ésto, los opositores de la inmigración ilegal prefieren creer que sus ciudades y barrios son menos seguros, y que el nivel de sus instituciones culturales y educativas ha descendido desde que se nos permitió la entrada. Lo que principia como retórica incendiaria tarde o temprano se convierte en dogma aceptado, y sirve para justificar la violencia racial que se comete en contra de inmigrantes ilegales sospechosos. La Operación Gatekeeper (Portero), la Propuesta 187 y SOS han logrado enviar un mensaje muy alarmante a la sociedad: el Gobernador los apoya, caigan sobre esos "inmigrantes" con toda la fuerza de la que son capaces. Al estar aquí de manera "ilegal", son desechables. Al no tener una "residencia legal", tampoco poseen derechos civiles y humanos. Agredir, atacar y ofender a un criminal sin rostro o nombre no parece tener implicaciones legales o morales. Precisamente por su condición de indocumentados, los "inmigrantes" no tienen quién los defienda si deciden responder u organizarse políticamente. Si realizan manifestaciones o se involucran directamente en actos políticos, o si reportan un crimen a la policía, corren el riesgo de ser deportados. Cuando la policía o la patrulla fronteriza vulneran sus derechos humanos, no tienen dónde acudir para obtener ayuda. Son blancos fáciles de la violencia estatal, la explotación económica y los ciudadanos que toman la ley en sus manos. Y, con frecuencia, la policía y la ciudadanía son incapaces de distinguir entre un "inmigrante ilegal" y un latino nacido en Estados Unidos.
Medidas suicidas y propuestas ilustradas Las soluciones autoritarias al "problema" de la inmigración sólo pueden hacer que la situación se agrave. Proseguir con la militarización de la frontera, al tiempo que se desmantelan los sistemas social, médico y educativo de apoyo para los inmigrantes, sólo incrementará las tensiones sociales. La imposibilidad de los inmigrantes de obtener servicio médico producirá más enfermedades y embarazos adolescentes. Echar de la escuela a 300,000 chavos y lanzarlos a las calles sólo contribuirá al aumento del crimen y a la desintegración social. A estas propuestas no únicamente les saldrá el tiro por la culata, sino que contribuirán a despertar un creciente nacionalismo en las comunidades chicano/latinas, y repolitizarán a numerosos grupos que se mantuvieron pasivos durante la década anterior. Cualquier comunidad atacada tiende a ser más desafiante. Entonces, ¿qué hacer con el "problema" de la inmigración? Antes que nada, necesitamos dejar de identificarlo como un "problema" unilateral. Seamos honestos. El fin del siglo asusta por igual a anglos y latinos, a inmigrantes legales e ilegales. Ambos lados se sienten amenazados, desplazados y arrancados de sus raíces, a distintos grados y por diferentes razones. En el fondo, todos tememos que los empleos, la comida, el aire y la vivienda no alcancen. Y sin embargo no podemos negar los procesos interdependientes que definen nuestra experiencia como norteamericanos contemporáneos. En una América pos-TLC/NAFTA y pos Guerra Fría, los modelos binarios de nosotros/ellos, Norte/Sur y Primer Mundo/Tercer Mundo ya no son útiles en la comprensión de nuestras complicadas dinámicas fronterizas, nuestras identidades trasnacionales y nuestras comunidades multiraciales. Ha llegado la hora de reconocerlo: los anglos no van a regresar a Europa, y los mexicanos y latinos (legales o ilegales) no van a regresar a América Latina. Todos llegamos para quedarnos. Para bien o para mal, tenemos en nuestras manos el destinos y las aspiraciones del otro. Desde mi punto de vista, la única solución posible es un cambio de paradigma: debemos aceptar que todos somos protagonistas en la creación de una nueva topografía cultural y un nuevo orden social, donde todos somos "el otro" y necesitamos de otros "otros" para poder existir. El carácter híbrido de nuestros países ya no está en la mesa de discusión; es un hecho demográfico, racial, social y cultural. Nuestra verdadera tarea ahora consiste en adoptar nociones más fluídas y tolerantes de la identidad personal y nacional, y en desarrollar modelos de cohabitación pacífica y cooperación multilateral, más allá de la nacionalidad, la raza, el género y la religión. Para lograrlo hace falta, más que patrullas fronterizas, murallas y leyes punitivas, mayor y mejor información sobre el otro. La cultura y la educación juegan un papel central en esta solución. Necesitamos conocer y aprender el idioma, la historia, el arte y la tradición cultural del otro. Debemos educar a nuestros hijos y adolescentes sobre los peligros del racismo y sobre las complejidades que entraña la vida en una sociedad multiracial y sin fronteras. Es decir, la inevitable sociedad del siglo venidero. El papel que pueden jugar los artistas y las organizaciones culturales en este cambio de paradigma es determinante. Los artistas pueden fungir como intermediarios entre las comunidades, diplomáticos ciudadanos, ombudsman e intérpretes fronterizos. Nuestros espacios artísticos pueden cumplir las múltiples funciones de santuarios, zonas desmilitarizadas, centros de activismo contra la xenofobia y semilleros de ideas para el diálogo intercultural y trasnacional. Los proyectos de colaboración entre artistas de distintas comunidades y nacionalidades pueden lanzar un fuerte mensaje a la sociedad en general: Sí, podemos hablar unos con otros. Podemos relacionarnos a pesar de nuestras diferencias, nuestro miedo y nuestra rabia.
Traducción: José Wolffer |